Venezuela: Plan Integral UNIMET para solventar la crisis apocalíptica de La Guaira 

José Ignacio Moreno León

No hay duda de que La Guaira y todo el Litoral Central constituyen una de las regiones de mayor fragilidad geológica y ambiental de Venezuela. Así lo han demostrado, de manera trágica, el terremoto de julio de 1967, el deslave de diciembre de 1999 —que destruyó viviendas, infraestructura y servicios básicos, ocasionando la muerte de más de veinte mil personas y un número indeterminado de desaparecidos— y, más recientemente, el doble sismo cuyas devastadoras consecuencias han vuelto a colocar a la región ante una emergencia de enormes proporciones.
Frente a las dramáticas circunstancias generadas por el deslave de finales de 1999, me correspondió, en mi condición de rector de la Universidad Metropolitana (UNIMET), impulsar el apoyo institucional a la formulación del Plan Integral de Rehabilitación del Litoral Central de Venezuela. Se trató de una ambiciosa iniciativa académica, científica y urbanística concebida para replantear el modelo de desarrollo de toda la región y sentar las bases de un proceso sostenido de reconstrucción.
El plan fue diseñado con una visión de largo plazo, de entre diez y veinte años, sustentada en la reducción permanente del riesgo de desastres, el reordenamiento territorial, la protección ambiental, la recuperación de cuencas hidrográficas, la modernización de la infraestructura urbana, la rehabilitación del patrimonio histórico, el impulso de un turismo sostenible y el fortalecimiento de la economía regional. Todo ello respondía a una idea fundamental: orientar la reconstrucción sobre criterios modernos de planificación territorial, reducción de riesgos y desarrollo urbano sostenible, con el propósito de fortalecer de manera permanente la resiliencia del Litoral Central y disminuir su vulnerabilidad frente a amenazas naturales.
De haberse ejecutado progresivamente, muchas de estas acciones habrían permitido afrontar en mejores condiciones una tragedia como la que hoy vuelve a enlutar a esa región. Entre las principales propuestas del Plan destacaban: ● Reubicación de los asentamientos ubicados en zonas de alto riesgo. ● Construcción de canales de control de quebradas y modernos sistemas de drenaje. ● Creación de parques lineales y corredores ecológicos a lo largo de los cauces naturales para disminuir futuros riesgos. ● Recuperación integral de Macuto, La Guaira, Maiquetía y otras poblaciones costeras. ● Conversión del eje Macuto–El Cojo en una moderna ciudad balnearia. ● Desarrollo de un gran bulevar costero sobre la avenida Soublette. ● Recuperación de los fuertes coloniales y del centro histórico de La Guaira como patrimonio cultural y atractivo turístico de alcance internacional.
 En la formulación de este Plan Integral participaron profesores e investigadores de la Maestría en Diseño Urbano de la Universidad Metropolitana, bajo el liderazgo de los arquitectos Oscar Grauer y David Gouverneur, en alianza con urbanistas de la Graduate School of Design de la Universidad de Harvard. La propuesta recibió reconocimiento académico internacional por parte de universidades como Columbia, París y la Universidad Politécnica de Cataluña, y obtuvo en 2001 el Premio Nacional de Arquitectura de Venezuela.
Lamentablemente, ninguna de estas iniciativas fue incorporada a las políticas públicas del gobierno nacional. Como consecuencia de esa ausencia de planificación y de la desestimación de propuestas técnicas y académicas, el hoy estado La Guaira continuó desarrollándose de manera desordenada, manteniendo e incluso ampliando muchas de las condiciones de vulnerabilidad identificadas hace más de dos décadas.
Aún resulta prematuro emitir un juicio definitivo sobre las causas, la magnitud y las responsabilidades derivadas de la más reciente tragedia ocasionada por el doble sismo del 24 de junio. Sin embargo, la respuesta inicial de las autoridades ha suscitado interrogantes sobre la capacidad institucional para planificar, coordinar y ejecutar soluciones oportunas y eficaces frente a las necesidades que han comenzado a surgir, particularmente en el estado La Guaira.
Por ello, resulta difícil ignorar que Venezuela continúa repitiendo un patrón en el cual los fenómenos naturales terminan convirtiéndose en desastres humanos debido a la ausencia de planificación territorial, la ocupación de zonas de alto riesgo, el deterioro progresivo de la infraestructura y la reiterada desatención de las recomendaciones formuladas por la comunidad científica y académica.
Frente a esta realidad, se hace impostergable que, en el marco de un futuro proceso de reconstrucción nacional con apoyo internacional, se rescate y actualice el Plan Integral de Rehabilitación del Litoral Central como una base estratégica para la recuperación de la región.
Su esquema de financiamiento podría promover la participación de reconocidas empresas internacionales especializadas en infraestructura, urbanismo y desarrollo territorial, mediante incentivos tributarios durante los primeros diez años de ejecución. Asimismo, podría contemplarse el reconocimiento del valor de las propiedades afectadas como aporte de sus propietarios a los nuevos desarrollos urbanísticos, facilitando así procesos ordenados de reubicación y reconstrucción.
Las catástrofes naturales no siempre pueden evitarse. Lo que sí puede evitarse es que la falta de planificación, la improvisación y la desatención del conocimiento técnico multipliquen una y otra vez sus consecuencias.
La reconstrucción del Litoral Central no debe limitarse a reparar los daños de la última tragedia; debe convertirse en la oportunidad para construir una región más segura, resiliente y próspera para las próximas generaciones.